Podrás ver las entregas publicadas aquí.
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Durante las pasadas fiestas de Navidad, he tenido la oportunidad de ver los primeros capítulos de esta magnífica serie de documentales que tiene a la Física como eje principal. Hacía tiempo que sabía de la existencia de dichos documentales, de hecho datan de los años 80, pero por unas u otras razones, hasta hace pocos días no me había tomado la molestia de ver ningún capítulo. Nunca es tarde si la dicha es buena... y puedo garantizar que la dicha no es buena, si no óptima.
Día 31 de diciembre, último día de este año 2008, que como la mayoría de años nos ha deparado todo tipo de historias, anécdotas, noticas y curiosidades, unas buenas, otras menos buenas y otras completamente indeseables.
El título de esta entrada es el mismo que el título del último artículo publicado por el periodista, escritor y académico de la lengua Arturo Pérez-Reverte en su columna semanal en la revista XL Semanal. Leí con atención dicho artículo y aunque no es mi estilo postear en el blog con la técnica del copia y pega, creo que por el interés de la columna, así como mi identificación plena con cada una de las palabras de Pérez-Reverte en su artículo, voy a reproducir íntegramente el mismo en mi blog para todo aquél que quiera leerlo.
20 de noviembre del año 1975, a las 5:25 en versión oficial, el encefalograma que muestreaba el pequeño hilo de vida que le queda a Franco emitió una línea plana. Era el final, ansiado por unos y fatídico para otros. Francisco Franco Bahamonde, General de los Ejércitos y Caudillo de España, el que había regido los designios de España durante casi cuarenta años, tras vencer a sangre y fuego en una cruenta guerra que dividió a España en dos bandos, se unió treinta y nueve años después, muerto el mismo día y prácticamente a la misma hora, a José Antonio Primo de Rivera.